domingo, 2 de agosto de 2009

Mar y el mar...

Hacía tiempo que no escribía uno de estos relatos. Había perdido la inspiración e incluso las ganas pero la vida me la devuelve con nombre propio. Para esta ocasión y puesto que mis vacaciones están a la vuelta de la esquina y pienso acercarme a ese mar que tanto añoro, me he disfrazado precisamente de eso, de Mar. Espero que tengais vosotros también experiencias inolvidables. El relato en esta ocasión va dedicado a quien me lo ha inspirado.

* * *

Habían quedado para verse frente a un bar de copas en el paseo marítimo. Ella había llegado demasiado pronto. Ese día había hecho demasiado calor y estaba ya anocheciendo. El bar de copas estaba aún despertando de su letargo veraniego. No había nadie por allí y Mar sintió la llamada de su otro yo, así que se dirigió a la orilla de la playa. Se descalzó para sentir el tibio contacto de una arena fina que empezaba a descender en temperatura. Llevaba un vestido que sin los zapatos casi arrastraba por la arena. Un vestido que apenas rozaba su cuerpo y que la hacía caminar como si ni siquiera lo llevara puesto. Lo levantó levemente cuando sintió que la primera ola se acercaba a ella como una lenta caricia. Estuvo unos minutos mirando el horizonte con mirada soñadora, aspirando ese aroma salado del agua que se mecía hasta el infinito. Cuando mar traspasó todos los poros de su piel y en su mente solo se oía la melodía del oleaje, se dio media vuelta y miró hasta ese punto donde esperaba encontrarse con él. Aún no había llegado así que decidió sentarse en la arena a esperar un poco más. El sol se había perdido lejano a su espalda pero el calor aún persistía aunque ya no resultaba agobiante. Sin embargo, el ardor que sentía en su cuerpo le producía un pequeño sofoco que se incrementaba con la espera. Estaba deseando encontrarse con él de nuevo y mientras tiempo pasaba, en su mente se reproducían las imágenes de otros días, de otros besos, de otras caricias.

La arena amortiguaba el sonido de sus pasos y no le oyó llegar. Al igual que ella, sintió la llamada de mar, aunque en su caso lo que le atrajo hasta la orilla fue el Mar que ella encerraba dentro de sí. También llegaba pronto. Se arrodilló a su espalda cuando a ella le llegó de repente su olor y supo que estaba a su lado. Notó como apartaba ligeramente su pelo y se acercaba a su cuello para besarla. Un escalofrío de placer la hizo estremecer y cerrar los ojos al mismo tiempo para abandonarse en su abrazo. Todo en él era siempre dulce y excitante. Su corazón empezó a latir rápido y con fuerza. Mar se giró lo suficiente como para buscar su boca cuando él se apartó un momento de su cuello y se la comió con tanto deseo que se sintió transportada a lomos de olas bravas. Disfrutaron un rato saboreándose mientras las manos de cada uno empezaban a acariciar el cuerpo del otro. Con esa mezcla de amor y deseo que hacía las caricias a veces delicadas y a veces salvajes. Se apartó de su boca para decirle a su oído lo mismo que le decían sus besos. Lo que le amaba y le deseaba. Como el tiempo se hacía eterno desde una cita hasta la siguiente. Como soñaba cada día con él, con momentos como ese que estaban viviendo juntos.



Con cada palabra que pronunciaba y con cada caricia que él le regalaba, su respiración se agitaba más y él notaba su tibio aliento rozándole la oreja, su respiración entrecortada era como un eco que le atravesaba para guardarlo en su memoria, los suaves mordiscos no hacían más que aumentar su deseo y este se traducía en un empuje y una presión a veces incontenible entre sus piernas. No pensaba más que hundir su polla en Mar, en ese mar cálido y viscoso que ella guardaba como un gran tesoro para él. Acariciarla a través de su ligero vestido era casi lo mismo que acariciar su piel. Cuando sus bocas se unieron de nuevo un impulso le llevó a agarrar su pecho que subia y bajaba al ritmo de su respiración. Le bajó los tirantes del vestido y este cayó hasta su cintura. Una ligera brisa de mar la hizo estremecer de nuevo y aumentó aún más la dureza de sus pezones. Verla excitada le hacía perder casi la consciencia. Agarró sus tetas como si fueran su tesoro más preciado y ella descubrió el brillo de sus ojos que tantas veces había soñado. Se llevó uno de sus pezones a la boca. Lo lamió dulcemente, pasó su lengua despacio sobre él mientras ella disfrutaba observándole. Se lo tragó mientras que una mano apretaba con fuerza el otro pecho y la otra rodeaba su cintura y la apretaba más contra él. El calor empezó a crecer entre las piernas de ella. Le apartó un momento para colocarse sobre él con las piernas abiertas y él aprovechó para meter las manos bajo su vestido. Primero las colocó en su culo y la atrajo fuerte hacia él mientras seguía saboreando y comiéndole las tetas. Primero una y después la otra.

Mar ardía de deseo y le tumbó en la arena. Mordisqueó sus labios y se entretuvo un momento en su cuello. Levantó su camiseta y se echó sobre él para pasar la lengua por unos pezones pequeños pero duros e ir descendiendo despacio, saboreando cada rincón, metiendo la lengua en su ombligo y pasándola alrededor de su cintura mientras con las manos desabrochaba su pantalón, sin prisas pero con el deseo de ver su polla liberada de la presión de la ropa. La miró un segundo antes de lanzarse sobre ella mientras él acariciaba cada rincón bajo su vestido. Había anochecido. Luna les miraba inmensa y redonda desde lo lejos lanzando brillos aún dorados sobre ellos. Y Mar seguía saboreando ese miembro que tan pronto ocupaba toda su boca como lo sacaba para recorrerlo de arriba abajo con su lengua o lo succionaba fuerte en un intento por poseer todo lo que él era a través de ese conducto. Sentir esa tensión en su boca no hacía más que aumentar el deseo de sentirle dentro de ella. Descendió lamiendo por sus ingles y se perdió entre sus piernas saboreándole mientras agarraba un miembro que se sacudía al contacto húmedo de su lengua recorriendo sus huevos y cada uno de sus pliegues. Los dedos de él se hicieron paso para entrar entre sus piernas a una cavidad que le estaba esperando, que se derramaba con cada entrada y salida de los mismos. Que la hacía gemir y retorcerse de placer y de deseo.

La apartó de encima suyo para apoyarla en la arena. Levantó de nuevo un vestido que ya apenas se adivinaba que lo era y se metió entre sus piernas. Recorrió sus muslos con la boca, besándolos, mordisqueándolos, mientras Mar se retorcía lo justo para no perder ese contacto. Cuando alcanzó su sexo ella creyó morir de placer. Pasó su lengua despacio dejándola entrar apenas un segundo para después entretenerse en su clítoris, chupándolo, absorbiéndolo, estirando con su boca como su fuera a tragarlo y Mar apenas podía contener los gemidos. Parecía que un mar de lava crecía dentro de ella a punto de derramarse. De pronto notó como su polla le rozaba, como acariciaba su sexo con ella hasta que entró en su interior con una sacudida y volvió a salir. Recorrió con ella arriba y abajo su sexo varias veces. Entraba despacio y volvía a salir nuevamente haciendo a Mar enloquecer de deseo. Cuando finalmente entró, lo hizo lentamente al principio para seguidamente empujar con fuerza y Mar sintió como el primer orgasmo le ardía entre las piernas, como palpitaba todo dentro de ella y se derramaba entre espasmos que aprisionaban la polla de su chico que entraba y salía para prolongar aún más ese placer. Abrió bien sus piernas y se arqueó y empujó para llevarle más dentro aún. Le aprisionó entre ellas. Su chico estaba de rodillas y ella apenas apoyaba una parte de su espalda en la arena. Tenía suspendido el cuerpo a partir de la cintura de donde él la tenía agarrada y la empujaba contra sí con sacudidas que iban siendo cada vez más violentas, más profundas. El placer de ambos era tal que Luna se alzó un poco más para observarles y les cubrió de nuevo con una lluvia dorada de fotones. Una lluvia que ambos sintieron que derramaba entre sus piernas cuando sus gemidos se elevaron, cuando la polla empezó a estallar dentro de Mar, cuando ella ya no supo distinguir a quien pertenecía todo el calor que la inundaba por dentro. Cuando se abandonó al placer y la dicha de diluirse y mezclarse los dos juntos una vez más. Cuando el último gemido salió de sus bocas, el último apretón de cintura, la última sacudida, los espasmos que en uno y en otro se sucedían dentro de esa cavidad de dicha hasta que poco a poco los músculos se relajaron, aflojaron las presiones, desfallecieron y se dejaron caer uno al lado del otro para descubrir que Luna habia subido a lo más alto en la noche y se había vestido de color de plata.

For you.

Garth Brooks - The Thunder Rolls

6 comentarios:

raúl dijo...

esto por si no hiciera suficiente calor ambiente ya, no? me alegra ver que sigues en forma! :)

Padme dijo...

Hombreeeee, bienvenido!!! Se nos acabó ya lo bueno? Espero que hayas disfrutado un montón y que te sea leve el retorno.

Por aquí es que habían bajado un poco las temperaturas y acostumbrados al sofocón le hemos dado a la tecla. xDDD

Un beso.

ortiga70 dijo...

Te hiciste esperar con el relato sensuaaaá, pero....
Glupppss!!

Padme dijo...

xDDDDD Ese glupppss es porque te has atragantado? :)

Espero que para el próximo no pase tanto tiempo. Pero a saber... :P

Beso.

ortiga70 dijo...

Si, esxactamente, con tanto lamentón y tanto clítoris, se me ha hecho un nudo en....la garganta???

xDDDDD

Padme dijo...

Jajajaja, espero que se te haya deshecho ya, que son muy jodíos, eh?

Sé feliz, amigo. :)