Me hice mi primer tatoo hace ya unos doce años, antes de que se iniciara la fiebre del tatuaje que ahora está tan extendida. Elegí algo no muy aparatoso en el omóplato y fue algo que no me pensé demasiado. Un amigo me dijo que si nos hacíamos uno y a la semana siguiente estábamos eligiendo lo que queríamos tatuarnos. Como muchas de las cosas que hago en esta vida no le di demasiadas vueltas al asunto. Ni siquiera me preocupé mucho del lugar al que ir para hacérmelo, ni sé si teníamos alguna referencia del mismo. Me vi de pronto mirando un montón de álbumes con dibujos hasta que di con el que me apetecía. Recuerdo también que mientras que me estaban tatuando el sonido de los aparatos me recordaba a la consulta del dentista. Sé que hubo momentos en los que no resultó muy agradable pero al final, salí encantada de habérmelo hecho. Con el tiempo he pensado que quizás fui un poco insensata por no plantearme siquiera si el sitio reunía las condiciones adecuadas, si el tatuador tenía las dotes necesarias y demás. El hecho es que mi tatoo no me ocasionó ningún problema y yo estaba feliz con él. Hasta aquí mi historia pero no así la de mi amigo que pese a que no se volvió a tatuar en años, se los pasaba deseando repetir. Y repitió, claro, aunque lo cierto es que yo también. Quizás porque el primer tatoo representó el principio de una historia y cuando la historia la dimos por terminada, lo hicimos como la empezamos, dejando otra huella en nuestra piel pero esta vez cada uno por nuestro lado.

Todo este rollo es a modo de introducción de lo que quería realmente contar. Rara vez se ve a gente que estando tatuada solo tenga un tatuaje y es que dicen que esta práctica genera una adicción debido a la liberación de endorfinas durante el proceso. Y algo de razón deben tener aunque en mi caso no he sentido ninguna necesidad de volver a tatuarme hasta once años después de la primera vez. Y eso que si hay algo que provoca adicción, allí que voy yo de cabeza. Además de esto, casi calificaría de masoquistas a los que una y otra vez pasan por la experiencia ya que no dudo que se liberen endorfinas pero la verdad es que hay momentos en los que te acuerdas de la madre del tatuador y si me apuras hasta de la familia entera. Pero lo cierto es que conozco a unas cuantas personas que podría decir que están más que enganchadas al tema y que en cuanto que acaban con uno ya están pensando en el siguiente. A mi no me gusta hacer de los tatuajes una obsesión. Lo que en un principio puede resultar atractivo acabas por fastidiarlo cuando ya apenas se ve tu propia piel pero lo que está claro es que estas personas tienen una visión muy distinta del tema y verdaderamente para ellos se convierte en una obsesión y son capaces de pasar auténticos suplicios por ello.
Hoy un poco de electronic music para amenizar este nuevo inicio de fin de semana en el que una vez más rugirán los motores de los Fórmula 1. Que lo paseis estupendamente. Besazos para todos.
A Split Second - Flesh



