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domingo, 2 de agosto de 2009

Mar y el mar...

Hacía tiempo que no escribía uno de estos relatos. Había perdido la inspiración e incluso las ganas pero la vida me la devuelve con nombre propio. Para esta ocasión y puesto que mis vacaciones están a la vuelta de la esquina y pienso acercarme a ese mar que tanto añoro, me he disfrazado precisamente de eso, de Mar. Espero que tengais vosotros también experiencias inolvidables. El relato en esta ocasión va dedicado a quien me lo ha inspirado.

* * *

Habían quedado para verse frente a un bar de copas en el paseo marítimo. Ella había llegado demasiado pronto. Ese día había hecho demasiado calor y estaba ya anocheciendo. El bar de copas estaba aún despertando de su letargo veraniego. No había nadie por allí y Mar sintió la llamada de su otro yo, así que se dirigió a la orilla de la playa. Se descalzó para sentir el tibio contacto de una arena fina que empezaba a descender en temperatura. Llevaba un vestido que sin los zapatos casi arrastraba por la arena. Un vestido que apenas rozaba su cuerpo y que la hacía caminar como si ni siquiera lo llevara puesto. Lo levantó levemente cuando sintió que la primera ola se acercaba a ella como una lenta caricia. Estuvo unos minutos mirando el horizonte con mirada soñadora, aspirando ese aroma salado del agua que se mecía hasta el infinito. Cuando mar traspasó todos los poros de su piel y en su mente solo se oía la melodía del oleaje, se dio media vuelta y miró hasta ese punto donde esperaba encontrarse con él. Aún no había llegado así que decidió sentarse en la arena a esperar un poco más. El sol se había perdido lejano a su espalda pero el calor aún persistía aunque ya no resultaba agobiante. Sin embargo, el ardor que sentía en su cuerpo le producía un pequeño sofoco que se incrementaba con la espera. Estaba deseando encontrarse con él de nuevo y mientras tiempo pasaba, en su mente se reproducían las imágenes de otros días, de otros besos, de otras caricias.

La arena amortiguaba el sonido de sus pasos y no le oyó llegar. Al igual que ella, sintió la llamada de mar, aunque en su caso lo que le atrajo hasta la orilla fue el Mar que ella encerraba dentro de sí. También llegaba pronto. Se arrodilló a su espalda cuando a ella le llegó de repente su olor y supo que estaba a su lado. Notó como apartaba ligeramente su pelo y se acercaba a su cuello para besarla. Un escalofrío de placer la hizo estremecer y cerrar los ojos al mismo tiempo para abandonarse en su abrazo. Todo en él era siempre dulce y excitante. Su corazón empezó a latir rápido y con fuerza. Mar se giró lo suficiente como para buscar su boca cuando él se apartó un momento de su cuello y se la comió con tanto deseo que se sintió transportada a lomos de olas bravas. Disfrutaron un rato saboreándose mientras las manos de cada uno empezaban a acariciar el cuerpo del otro. Con esa mezcla de amor y deseo que hacía las caricias a veces delicadas y a veces salvajes. Se apartó de su boca para decirle a su oído lo mismo que le decían sus besos. Lo que le amaba y le deseaba. Como el tiempo se hacía eterno desde una cita hasta la siguiente. Como soñaba cada día con él, con momentos como ese que estaban viviendo juntos.



Con cada palabra que pronunciaba y con cada caricia que él le regalaba, su respiración se agitaba más y él notaba su tibio aliento rozándole la oreja, su respiración entrecortada era como un eco que le atravesaba para guardarlo en su memoria, los suaves mordiscos no hacían más que aumentar su deseo y este se traducía en un empuje y una presión a veces incontenible entre sus piernas. No pensaba más que hundir su polla en Mar, en ese mar cálido y viscoso que ella guardaba como un gran tesoro para él. Acariciarla a través de su ligero vestido era casi lo mismo que acariciar su piel. Cuando sus bocas se unieron de nuevo un impulso le llevó a agarrar su pecho que subia y bajaba al ritmo de su respiración. Le bajó los tirantes del vestido y este cayó hasta su cintura. Una ligera brisa de mar la hizo estremecer de nuevo y aumentó aún más la dureza de sus pezones. Verla excitada le hacía perder casi la consciencia. Agarró sus tetas como si fueran su tesoro más preciado y ella descubrió el brillo de sus ojos que tantas veces había soñado. Se llevó uno de sus pezones a la boca. Lo lamió dulcemente, pasó su lengua despacio sobre él mientras ella disfrutaba observándole. Se lo tragó mientras que una mano apretaba con fuerza el otro pecho y la otra rodeaba su cintura y la apretaba más contra él. El calor empezó a crecer entre las piernas de ella. Le apartó un momento para colocarse sobre él con las piernas abiertas y él aprovechó para meter las manos bajo su vestido. Primero las colocó en su culo y la atrajo fuerte hacia él mientras seguía saboreando y comiéndole las tetas. Primero una y después la otra.

Mar ardía de deseo y le tumbó en la arena. Mordisqueó sus labios y se entretuvo un momento en su cuello. Levantó su camiseta y se echó sobre él para pasar la lengua por unos pezones pequeños pero duros e ir descendiendo despacio, saboreando cada rincón, metiendo la lengua en su ombligo y pasándola alrededor de su cintura mientras con las manos desabrochaba su pantalón, sin prisas pero con el deseo de ver su polla liberada de la presión de la ropa. La miró un segundo antes de lanzarse sobre ella mientras él acariciaba cada rincón bajo su vestido. Había anochecido. Luna les miraba inmensa y redonda desde lo lejos lanzando brillos aún dorados sobre ellos. Y Mar seguía saboreando ese miembro que tan pronto ocupaba toda su boca como lo sacaba para recorrerlo de arriba abajo con su lengua o lo succionaba fuerte en un intento por poseer todo lo que él era a través de ese conducto. Sentir esa tensión en su boca no hacía más que aumentar el deseo de sentirle dentro de ella. Descendió lamiendo por sus ingles y se perdió entre sus piernas saboreándole mientras agarraba un miembro que se sacudía al contacto húmedo de su lengua recorriendo sus huevos y cada uno de sus pliegues. Los dedos de él se hicieron paso para entrar entre sus piernas a una cavidad que le estaba esperando, que se derramaba con cada entrada y salida de los mismos. Que la hacía gemir y retorcerse de placer y de deseo.

La apartó de encima suyo para apoyarla en la arena. Levantó de nuevo un vestido que ya apenas se adivinaba que lo era y se metió entre sus piernas. Recorrió sus muslos con la boca, besándolos, mordisqueándolos, mientras Mar se retorcía lo justo para no perder ese contacto. Cuando alcanzó su sexo ella creyó morir de placer. Pasó su lengua despacio dejándola entrar apenas un segundo para después entretenerse en su clítoris, chupándolo, absorbiéndolo, estirando con su boca como su fuera a tragarlo y Mar apenas podía contener los gemidos. Parecía que un mar de lava crecía dentro de ella a punto de derramarse. De pronto notó como su polla le rozaba, como acariciaba su sexo con ella hasta que entró en su interior con una sacudida y volvió a salir. Recorrió con ella arriba y abajo su sexo varias veces. Entraba despacio y volvía a salir nuevamente haciendo a Mar enloquecer de deseo. Cuando finalmente entró, lo hizo lentamente al principio para seguidamente empujar con fuerza y Mar sintió como el primer orgasmo le ardía entre las piernas, como palpitaba todo dentro de ella y se derramaba entre espasmos que aprisionaban la polla de su chico que entraba y salía para prolongar aún más ese placer. Abrió bien sus piernas y se arqueó y empujó para llevarle más dentro aún. Le aprisionó entre ellas. Su chico estaba de rodillas y ella apenas apoyaba una parte de su espalda en la arena. Tenía suspendido el cuerpo a partir de la cintura de donde él la tenía agarrada y la empujaba contra sí con sacudidas que iban siendo cada vez más violentas, más profundas. El placer de ambos era tal que Luna se alzó un poco más para observarles y les cubrió de nuevo con una lluvia dorada de fotones. Una lluvia que ambos sintieron que derramaba entre sus piernas cuando sus gemidos se elevaron, cuando la polla empezó a estallar dentro de Mar, cuando ella ya no supo distinguir a quien pertenecía todo el calor que la inundaba por dentro. Cuando se abandonó al placer y la dicha de diluirse y mezclarse los dos juntos una vez más. Cuando el último gemido salió de sus bocas, el último apretón de cintura, la última sacudida, los espasmos que en uno y en otro se sucedían dentro de esa cavidad de dicha hasta que poco a poco los músculos se relajaron, aflojaron las presiones, desfallecieron y se dejaron caer uno al lado del otro para descubrir que Luna habia subido a lo más alto en la noche y se había vestido de color de plata.

For you.

Garth Brooks - The Thunder Rolls

martes, 14 de abril de 2009

Always on my mind

Hay días que estás continuamente en mi cabeza. Son los días que siguen a esas noches de locura que paso retorciéndome a tu lado, revolcándome una y otra vez para ponerme a veces sobre ti y apretarme contra tu pecho mientras te como la boca y te aprisiono entre mis piernas. Es ese momento en el que al recorrerte con mi boca, tu polla empieza a empujarme y entonces volvemos a girar pero esta vez para quedar yo debajo y ser tu boca en mi cuerpo la que me vuelve loca y me hace retorcer de placer. Sentir como te comes mi sexo, como me absorbes y me lames, como tu lengua se mete dentro de él, me hace sentir que pierdo el sentido. Me excitas de tal forma que no pienso más que en tragarte, en tenerte dentro de mi como si pudiera contenerte y quedarme contigo para siempre. Y una vez más me revuelvo para agarrar tu polla y me coloco sobre ti, mi sexo en tu boca y el tuyo en la mía y mientras que vuelvo de nuevo a sentir la humedad de tu lengua en mi, agarro tu polla fuerte y empiezo a lamer un capullo que brilla con tanta tensión y la noto palpitar entre mis manos y la trago para sentir ese pálpito en mi boca y la acaricio con mis labios mientras que siento como tú saboreas todo lo que entre mis piernas fluye por comerte y por como me comes hasta que ya no puedo más y con todo mi sexo chorreando me acerco para llenarlo con tu polla. Estoy sobre tí, aprisionándote, tu polla entra suavemente y aprieto hasta hacerla desaparecer dentro de mi y comienzo un ir y venir sobre ella lento y pausado para que sientas la caricia de mi coño, el abrazo húmedo de sus paredes que recorren tu miembro arriba y abajo y noto como bajo mi cuerpo empujas para hacerla ir un poco más allá y ese sentir que me atraviesas hace que se acelere el ritmo de mi movimiento sobre ti. Así unas cuantas sacudidas hasta que te incorporas y me coges de la mano para ponerme de pie y colocarme contra la pared.

Mi sexo está ardiendo y cuando me agarras por la cintura para atravesarme de nuevo las oleadas de placer casi me hacen desfallecer y todo mi cuerpo tiembla con cada nueva sacudida. Mis pechos parece que van a estallar entre tus manos cuando me aprietas para penetrarme un poco más y todo dentro de mi parece que va a explotar junto con tu polla que cada vez la siento más dura. Mis caderas tratan de acompañar ese vaivén, tus manos sobre ellas me ensartan cada vez con más fuerza, todo empieza a girar, a suceder con rapidez, los espasmos, los gemidos que anuncian lo que ha de llegar, ese retorcerse y tensarse de nuestros cuerpos, ese deseo de que llegue y no pase nunca, ese nuevo embiste que provoca un grito ahogado de placer, ese ardor de nuestras entrepiernas, empujando el uno sobre el otro como perdido ya el sentido. Una sacudida más y me enderezas para agarrado a mis pechos dar un último empujon y estallar dentro de mi, soltar todo ese calor que me inunda y que provoca el estallido de mi ser, esas contracciones que se confunden las tuyas con las mías y que suceden todas dentro de mi. Esa leche que me riega por dentro, que reparte el calor por mi cuerpo y me hace estremecer de pies a cabeza, todo me arde y me palpita con fuerza y mi sexo aprisiona al tuyo en un sinfin de espasmos de placer que me inundan y tú a mi espalda apretándome fuerte, y poco a poco, abandonándonos.

Moby - Whispering Wind


PD - Me marché de vacaciones blogueras sin avisar. Ya he vuelto.

jueves, 11 de diciembre de 2008

A veces cuando te pienso

Hay veces que cuando te pienso me asalta una imagen que no consigo borrar de mi memoria. A veces tengo la sensación de estar a horcajadas sobre tí y siento como tu polla se acerca a mi sexo que empieza casi a derramarse antes de que me roces.

Hay veces que cuando te pienso lo hago dentro de tus labios y te mordisqueo, te beso y te acaricio hasta que siento como se tensa tu miembro.

Hay veces que cuando te pienso, creo que tú también me piensas y te ves rozando con tu lengua mi clítoris y haciéndome estremecer con tu húmeda caricia que se introduce dentro de mi.

Hay veces que al pensarte, coloco mi mano entre tus piernas y siento el calor de tu miembro a través de tu ropa y lo aprieto fuerte o lo acaricio suave hasta que todo se tensa.

Hay veces que te pienso y siento tu sexo en mi boca a punto de estallar y lo succiono y lo acaricio con mi lengua haciéndole salir y entrar mientras con una mano lo agarro y con la otra me acaricio soñando con ese calor que de repente inunda mi boca y mi sexo.

Hay veces que cuando te pienso, tú ni siquiera sabes que te estoy pensando y yo, disfruto en silencio de tu pensamiento.



lunes, 13 de octubre de 2008

Relatos más o menos calientes - Morir en tus brazos

Hacía tiempo que no escribía uno de estos relatos. De hecho no he escrito ninguno desde que abrí este nuevo blog porque el que hay publicado en esta sección me lo traje de la Ventana donde fue un post más, ni siquiera estuvo en la lista de Relatos para leer en la cama. Tampoco creo haber hecho aquí una presentación de esta sección como hice en el otro. De cualquier forma da igual, se trata de un lugar donde escribir algo más, algo que realmente no he escrito nunca hasta que un buen día y como consecuencia de un anónimo subido de tono que escribí para vengarme del que me habían escrito a mi, le pedí opinión a mi amigo Niño Encantador quien me dijo que podía dedicarme a escribir cositas de este pelo. Coincidió en fecha más o menos cuando abrí la Ventana así que mis primeros escritos fueron a parar alli. Eso si, no creo que de para mucho esta sección. Al final pasa como con las parejas, las historias resultan monótonas porque acaba siendo todo un poco repetitivo y parece que pierde aliciente.

La historia de esta noche, y digo noche porque siempre los he publicado a media noche..., para desayunar la verdad es que no son, aunque parece que a mi amigo Jap le gusta desayunarse alguna o es que la primera le pilló por sorpresa y fue eso. Me reí un rato con sus comentarios. Bueno, la de esta noche ha sido escrita con una música de fondo que será la que acompañe al relato en su final. Es una canción que ya me estaba escociendo el no tenerla aquí y que un día dije que la postearía cuando fuera el momento. No sé si realmente es el momento o habrá momentos mejores, pero bueno. Es una canción que podría seguramente inspirarme mil relatos de estos, que cuando empieza no puedo evitar cerrar los ojos y dejarme llevar y eso es lo que hago la mayor parte de las veces.

* * *
Anoche desperté al sentir que te recostabas a mi lado y que lamías mis pezones sintiendo la delicada caricia de tu lengua sobre ellos. Como si fueras el primer hombre que se los hubiera llevado a la boca y jamás hubiera sentido ese placer, empecé a notar como mi sexo ardía y se humedecía con tu contacto que empezó a hacerse más violento de forma que mis pezones se endurecieron y desearon no apartarse de tu boca. Por un momento pensé que aún estaba soñando.

Pese a la obscuridad del cuarto hubiera reconocido en la más profunda negrura tus caricias de entre un millón. Mi cuerpo empezó apenas a temblar a medida que ibas pasando tu mano despacio por mi desnudez y mi espalda se arqueó cuando te acercaste a ese rincón de humedad y un par de dedos quisieron comprobar como de caliente me habías puesto. Apenas habías movido ligeramente los dedos en mi interior cuando los sacaste y te colocaste sobre mi. Tu piel caliente me hizo estremecer y tu polla sobre mi vientre me hizo arder de deseo. Cogiste mis manos que las llevaste sobre mi cabeza y mientras que las mantenías juntas con la tuya sentí tu boca recorrer mi cuello, acercarse a lamer mis labios que no pude mantener cerrados y con los que traté de apresar los tuyos. Tu lengua se coló en el interior de mi boca y acarició la mía de forma que me hizo sentir que ambas se deshacían de placer. Lo hacíamos despacio, recreándonos en esa caricia húmeda de una lengua sobre otra. Como si de esa forma pudiéramos saciar ese apetito que siempre sentíamos el uno por el otro. Mis manos seguían aprisionadas por la tuya y mis deseos de sentirte dentro de mi crecían de tal forma que mis piernas te apresaban entre ellas para que dejaras que tu polla encontrara el camino hasta mi. Sin embargo, te apartaste un momento y agarraste el foulard que había usado esa tarde de otoño, para enrollarlo alrededor de mis muñecas en una punta y la otra sujetarla a una de las esquinas de la cama. De esta forma le privaste del sentido del tacto a mis manos, mientras que las tuyas liberadas ya de las mias empezaron a deslizarse por mis brazos lentamente, pasando ligeramente por mis axilas y colocándose a ambos lados de mis pechos.

Así, aprisionada como me tenías y contigo a horcajadas mío parecía que mis pechos estuvieran invitándote a perderse de nuevo en tu boca, así que tras recorrerlos con la punta de tus dedos haciendo dibujos circulares a su alrededor sentí de nuevo ese calor que bajaba hasta mi coño cuando tu lengua humedeció uno de mis pezones paseándose sobre él hasta endurecerlo para acercarse después al otro y repetir de nuevo las caricias. Parecía que tratabas de plasmar con tu lengua alguna imagen sobre mi piel y te apartabas para comprobar el resultado de tu obra y volver de nuevo a retocar en aquellos rincones donde aún no estabas contento con el resultado. Mis pezones parecían a punto de estallar cuando decidiste bajar por entre mis pechos y agarrándome por la cintura volviste a hundirte sobre mí, esta vez para que tu lengua jugara un rato con el piercing de mi ombligo que acabó por humedecerse casi tanto como lo estaban ya tantos rincones de mi cuerpo.

Ese continuo ir y venir sobre mi, el contacto caliente de tu cuerpo y el frío que me producía cada vez que te apartabas y se helaban todas las zonas que habías ido lamiendo, hacían que mi cuerpo se encogiera cuando te acercabas para no dejarte ir y se estremeciera y temblara cada vez que te apartabas y ese mismo temblor caliente, húmedo era el que empezaba a hacer palpitar el interior de mi sexo que parecía no querer esperar más tiempo la llegada del tuyo. Pero una vez más te agachaste sobre mi. Esta vez pasabas tu lengua sobre mis ingles y cuando ibas de una a la otra te entretenías con un clítoris que se hinchaba cada vez que tu lengua lo chupaba o lo absorbía y sin poderlo resistir mi cuerpo se retorcia, mis caderas empujaban intentando que mi coño acabara en tu boca y cada vez que tu lengua entraba dentro y la sentía empujarme me creía desfallecer como cuando sientes que empiezas a perder el sentido.

El no disponer de mis manos para acariciarte, para agarrarte, para acercarte a mi cuando ya no podía más, hacía crecer mi desesperación y como si hubieras entendido lo que me pasaba, te apartaste, te acercaste con tu polla a punto de estallar y la llevaste a mi boca. Por unos instantes disfruté de tenerte allí dentro, a veces lamiéndote y otras dejando que tú llevaras el ritmo de tus caderas y que tu polla entrara y saliera de mi boca a tu gusto. Sentirla dentro, apresarla con mis labios, empaparla con mi saliva, todo ello no era más que el anuncio de lo que después volvería a ocurrir cuando por fin la dejaras entrar entre mis piernas. La sentía inmensa, caliente y dura como si fuera a derramarse en ese momento en mi boca, pero dejaste de moverte y sentí como salía despacio mientras mis labios la notaban deslizarse e intentaban retenerla sin éxito. A veces olvidaba mis manos prisioneras e intentaba con ellas llegar a ti, movimiento que acababa por resultar inútil. De pronto sentí como si un hierro candente me penetrara y me arqueé al sentir que llegaba hasta el fondo de mi ser a la vez que un gemido de placer escapaba de mi boca y fue a unirse con el tuyo. Por un momento me pareció que fueras a quedarte en ese fondo empujando por ver si llegabas un poco más allá pero en un momento iniciaste ese movimiento que me hizo sentir oleadas de placer que recorrían igual que tu polla, toda una cavidad que desde hacía un buen rato no deseaba más que verse desbordada por tu miembro.

No parecía que fuera a durar mucho la tensión ya que habíamos acumulado mucho deseo previo a la penetración y el empuje con que impulsabas la polla dentro de mi provocaba oleadas intensas de calor que subían de entre mis piernas hasta mi cabeza produciéndome esa sensación de desvanecimiento, de abandonar la realidad para hundirme en mares de lava que parecían querer salir eyectadas a través del cráter en que parecía haberse convertido mi coño. Mis caderas se movían junto contigo empujando más si cabe tu polla hacia mi interior. Mi cuerpo se agitaba y retorcia con los brazos aún sujetos y las manos anudadas. Tus gemidos se confundían con los míos y empecé a sentir como tu polla presionaba aún más si cabe las paredes de mi sexo augurando que el final estaba cerca, tu ritmo se hizo más rápido, tu empuje más fuerte y mi interior empezaba a prepararse para recibirte, sentía como latía todo dentro de mi, como de forma espasmódica apretaba tu polla entre mis piernas y tú seguías fuerte y violento empujando hasta que una vez más te impulsaste dentro de mi en un último intento por llegar a donde no se puede llegar haciendo que tus gemidos dieran paso a un resoplido de alivio, de placer, de abandono. El calor entonces me invadió por dentro, y todos mis músculos se agarraron con fuerza a tu miembro y se contrajeron de placer mientras sentia como lanzabas ya de forma incontrolada todo esa leche dentro de mi. A cada espasmo de tu polla le acompañaba otro mío como si ahora nuestros sexos mantuvieran una conversación de la que nosotros ya no éramos responsables y así, una vez que los excitados latidos fueron espaciándose en el tiempo y recostado sobre mi, con las manos aún anudadas, aún entre mis piernas y al arrullo de nuestra respiración entrecortada fue como el sueño nos encontró y nos acompañó.

Cutting Crew - (I just) Died In Your Arms Tonight

martes, 30 de septiembre de 2008

Relatos más o menos calientes: Un sueño contigo

Es muy tarde. No estoy de muy buen humor ya que parece que hay gente que le gusta tocar mi punto débil y entrar por ahí atacando. Pero bueno. Voy a rescatar para esta noche una entrada de mi otro blog. Se trata de un sueño que tengo de forma recurrente y será el relato que en este blog de comienzo a los Relatos más o menos calientes que si la inspiración no me ha abandonado seguiré escribiendo como hacía en el otro. Este fue un relato tan corto que ni siquiera le puse entre los Relatos para leer en la cama, pero creo que por su contenido bien podría haber ocupado ese lugar. En este blog será el que abra la sección caliente y como en el otro, esta sección está abierta a todo el que quiera participar. En mi perfil está mi correo y si alguien se anima puede enviar Relatos para publicar de forma anónima o como a cada uno le parezca. En el otro blog hubo algún que otro lector que se aventuró con sus escritos y me los hizo llegar. Y estaban geniales. ¿Te animas?

* * *
Esta noche, quisiera tumbarme al lado de tu cuerpo desnudo y sentir el calor de tu piel en la mía. Colocarme sobre tí y con mi mano cerrar tus ojos para empezar a comerte la boca, a mordisquear tus labios, a rozarlos con mi lengua, a hundirme dentro de tu boca y saborearte. Acercar mis labios a tus oidos y decirte en susurros desde cuando y cuanto te he deseado. Te contaré lo que te he amado y soñado cada noche. Y te mordisquearé mientras te cuento cada sueño que he tenido contigo. Me posaré en tu cuello para besarte y esconderé mi cara en ese cálido rincón donde he soñado con hallar la paz mientras tú, aún con los ojos cerrados tan solo me sientes. Te acariciaré despacio, con la punta de mis dedos te recorreré notando como tu piel y tus poros se erizan al roce de mis caricias. Bajaré lentamente por tu cuerpo, mi sexo está deseando encontrarse contigo lo siento húmedo a la espera de su momento pero aún hay tiempo porque he deseado lamer cada uno de tus rincones y esta noche lo haré. Pasaré mi lengua por tus ingles, meteré mi cabeza entre tus piernas y lameré esos huevos que aguardan para darme aquello que hoy será mío. Siento como tu polla se tensa así que me acerco a ella para agarrarla, bajar un poco su piel y meterla un momento en mi boca. Mis labios succionan la punta y resbalan por esa piel suave. Paso mi lengua una vez sobre ella y la dejo.


¿Me sientes? No abras los ojos. Bajaré por el interior de tus muslos rozándote con mi lengua mientras mi mano sigue agarrada a tu polla que de vez en cuando se sacude de placer a la vez que tu cuerpo se estremece. Quisiera esta noche ser un juguete en tus manos, que no pasara nunca, eternizarme con las caricias, volverte a besar, colocarme sobre tus caderas y mover mi sexo sobre tu polla, sentir como me roza el clítoris y empezar a sentir la tensión entre mis piernas. Te meteré dentro de mi, te deslizarás suave hasta ese lugar caliente que te ha esperado todo este tiempo. Y cuando estés allí mis caderas jugarán contigo hasta sentir como creces más y más dentro de mi. Y te sacaré para volverte a meter una y otra vez mientras te observo como aún con tus ojos cerrados me sientes y yo siento como tu cuerpo se retuerce bajo mis piernas para empujar aún con mas fuerza tu sexo dentro del mío. Que bonita imagen para recordar. Intento seguir un ritmo acompasado sobre ti pero me agarras las caderas y me aprietas fuerte contra tu polla. La noto en mi interior caliente y dura y con cada embestida mi cuerpo se tensa un poco más. El vaivén de mi cuerpo sobre ti empieza a producir pequeños espasmos en mi sexo, tu polla empieza a querer estallar. Parece que me vaya a partir. Aysss, no podré seguir por más tiempo. Tienes que dejar dentro de mi lo que he venido a recoger esta noche. Venga, amor, mi sexo está empezando a sacudirse para que sientas como te aprisiona y te libera una y otra vez. Una vez más te hinchas en mi interior, tanto, que dentro todo empieza a palpitar con fuerza, a tensarse y no querer soltarte mientras que noto ese calor que me inunda. Siento un estallido de placer por todos los rincones, tu cuerpo bajo mis piernas se tensa, dejas de moverte para simplemente empujar tu polla hasta el fondo y me siento inundada por tu calor y el mio y me doy cuenta de que te has derramado dentro de mi.

Esta noche vine a recoger algo que era mío. Tus ojos estuvieron cerrados así que no te apures, no era yo y además, ya me he marchado.