jueves, 11 de junio de 2009

Feromona's Shoes

Volvemos a la realidad del planeta Tierra. Y desde aquí un aviso para uno de mis visitantes que anda un poco líado últimamente. Markoz, al loro con el mercado del calzado. Parece ser que en México han desarrollado unos zapaticos para las féminas, realmente feos bajo mi punto de vista, que desprenden feromonas al caminar. Lo que nos faltaba ya. Al final esto de follar se convierte en una auténtica farsa. ¿Un poquito de sentimiento, no? No todo es salvajada animal.

En la noticia explican que "los zapatos llevan insertadas unas plantillas estratégicamente colocadas para que entren en contacto con las fibras nerviosas de la planta del pie y estimulen la producción de feromonas" y añaden que "El público objetivo de estos zapatos, cuyo precio oscila entre los 30 y 40 euros, son mujeres activas que trabajan, de 25 a 40 años, que buscan zapatos de tacón que sean cómodos para trabajar y que se sienten sensuales" A ver, lo de mujeres activas que trabajan, ¿qué significa? ¿Hay mujeres que trabajando o no, son inactivas? ¿Inactivas en qué aspecto? Digo yo que a cualquiera que le lata el corazón y no esté en coma, se le puede considerar activo, ¿no? ¿Y las que no trabajan no tienen derecho a desprender feromonas a su paso?

La noticia sigue comentando: "El invento, cuya efectividad ya se ha comprobado en algunas mujeres, se logró con base en investigaciones que son parte de la política de la empresa de buscar cosas innovadoras que den comodidad a sus clientas" No le veo yo la comodidad a pasearse con una corte de tíos babeantes detrás tuyo. Menudo coñazo. Yo acabaría por regalarles los zapatos y largarme pitando.

¿No será mejor que dejemos que la naturaleza obre el milagro de producir las feromonas cuando realmente haya un motivo para ello? Yo desde luego, ni aunque me los regalen.

El enlace: El elixir del amor a la altura de los zapatos. Por cierto, que si alguna se ha hecho ilusiones, que sepa que tiene que ir a México a comprarlos (por ahora) con lo cual los 30€ ya son un poquito más. Le preguntaré a mi amiga yessycure por el invento.

Como me gusta sacarle punta a algunas noticias, oye.

A Flock Of Seagulls - The More You Live The More You Love

Un amanecer con un precioso regalo

Hay veces que en este caminar uno se encuentra con agradables sorpresas por el camino que hacen que los días tengan un brillo especial como es sin duda el de hoy. Hace tiempo que uno de mis amigos-lectores, me habló de una web y un canal de YouTube en el que descubrí una gran parte de mi vida encerrada en esa música que hace que se graben a fuego los recuerdos en nuestro corazón. Ya me había tropezado con ellos en alguna ocasión buscando ese vídeo que acompañara a mis posts. Ayer les escribí para pedirles un favor para un amigo al que me hubiera gustado darle una sorpresa y me contestó uno de los socios de Infodisco. Al final nos cruzamos unos cuantos correos, visitó este lugar supongo que para hacerse una idea de quien era la pesada que les incordiaba y tras todo eso y unas bonitas palabras llegó un correo con este regalo con el que me encontré al despertar.

Para aquellos que se pasean por aquí y que les gusta la música tanto como a mi os recomiendo que hagais una visita a esos dos enlaces porque no os defraudarán. Están haciendo un impresionante trabajo y compartiéndolo con todos en YouTube.

Este ha sido el regalo con el que he amanecido hoy. Una de esas maravillas musicales que no se olvidan nunca. Gracias de nuevo y un beso fuerte.

Fleetwood Mac - Sara

miércoles, 10 de junio de 2009

Magnus (II) - Mi cuento

Magni dispone la cena en el velador que hay junto a los altos ventanales del estudio. Lo hace con esmero artesano, con el infinito cuidado de quien da importancia a los detalles. Pero Magni no es así, y en su morosidad se esconde tiempo que no pasa y se enrosca en los candeleros con la ironía de lo ineludible por necesario.

Sin embargo, al poco, la sonrisa de Julia renace de entre las sombras llenándome de dicha: sea la charla animada de un Magni ya de vuelta a este mundo, sea el cava que mana generoso, las delicadas viandas o, quizá, el simple placer de estar, Julia se abre en toda su belleza contagiándonos la esencia de una alegría tan pura y perfecta que parece surgir de la misma naturaleza. Tanto se ha animado Magni que a los postres decide obsequiarnos con uno de sus espectáculos preferidos: la danza del ajedrez. Las luces se apagan de pronto y nuestras miradas huyen entonces hacia la chimenea trocada en ese mismo instante en escenario. Julia y yo sabemos lo que va a ocurrir, pero aún así temblamos de emoción mientras treinta y dos trebejos de cristal acuden lentamente a ofrecernos su representación. Por la derecha, las blancas, hermosas tallas de cuarzo que refulgen y brillan mil veces soslayando los rayos que el fuego les manda. Y por la izquierda, las negras, obsidianas obscuras como la muerte que más que verlas intuíamos por como ocultan las llamas. Marciales y disciplinadas avanzan unas tras otras en formación de combate hasta encontrarse los dos ejércitos frente a frente sobre imaginarios escaques y con el hogar crepitante al fondo la partida comienza despacio, paso a paso y los contendientes se estudian con respeto. Pero a poco el coraje desplaza a la cautela y las piezas entran en frenético baile de complicados pasos: barre una torre la horizontal mientras peones de ambos colores cruzan la línea de fuego al tresbolillo. Los caballos saltan sobre alfiles que oblícuos recorren el tablero mientras las reinas intentan organizar sus fuerzas yendo de aquí para allá, contribuyendo así con su libertad al caos general. Solo los reyes parecen conservar la calma, pero lo cierto es que acaban sucumbiendo igualmente al infierno que les rodea, devorando al tiempo las llamas sus almas de piedra en ese tablero inmaterial en el que flotan, se arrastran, danzan alocadas las piezas danzando y luchando por ocupar el vacío del escaque que al fin proporcionará la pírrica victoria del fin del juego.

¡Jaque Mate! exclama gozoso Magni y al instante termina la lucha. Vencedores y vencidos regresan impasibles a sus cuarteles una vez más preguntándose por lo ocurrido pero sin perder un momento la marcialidad del paso. Luz vuelve y tiempo parece despertar.

Se les ve felices, relajados. No hay más que oir como Julia celebra las habilidades de Magni y como este se demora en los mil y un detalles de la batalla. Hablan animadamente con el tácito deseo de contárselo todo, de compartir el tiempo que gastaron por separado, de recobrar la compenetración del conocimiento total. Recrean recuerdos casi olvidados llenándolos de nuevo contenido a la luz de su mutua complicidad. Las palabras revolotean como los trebejos de cristal y arrancan de su mirada sonrisas dulces y limpias, sinceras. En verdad que los humanos pueden ser hermosos: y Julia y Magni lo son como dioses que en su epifanía asumiesen la belleza sin matices de la idea hecha carne. Y me deleito en su contemplación como ellos mismos al ver en el otro la imagen de su deseo mil veces reflejada en su infinito mirar. Fluye tiempo feliz de libar el placer que mana de la nada que llena la noche y noche oculta los fantasmas que ya se deslizan por el reflejo de luna allá en el mar hasta perderse en el dulce seuño de dos cuerpos que desnudos se abrazan y por fin duermen en paz.

Julia despierta. Su tez pálida de músculos aún inconscientes de la vida me mira interrogante. En seguida un pensamiento obscuro la empuja a la ventana: un frío sol de invierno cae sobre La Nada y arranca azures intensos a un cielo limpio de hielo. El acantilado se distingue nítido en su guardia junto al mar y, en su borde, la figura de alguien de largos cabellos que silencioso e inmóvil observa desde una grieta el mar.

Magnus, susurra Julia con la misma melancolía que la embargara ayer cuando vio a ninfa nereida. Como si jamás antes lo hubiese visto, Julia parece sorprenderse al descubrir junto a sí un catalejo. Con infinito cuidado para ni rozarlo siquiera se asoma al mundo pequeño que muestran las lentes y ve a Magnus, claro: lo sabía. Apunta justo a donde él está. Siempre debe estar buscando, siempre, allí o aquí pero siempre el mismo lugar, esa grieta desde la que se pueden ver la playa, siempre, siempre, siempre repite Julia una y otra vez, más bajo, más murmullo, más desaliento, más queja, de ver a Magni buscar donde ella no está ni nunca podrá estar: entre las olas, entre los arrecifes, en el mar.


Sol está alto en el cielo. Julia permanece inmóvil, silenciosa, esperando. Magni entra y la saluda amable. Julia no contesta. Solo pregunta: Magnus, ¿porqué el mismo cuadro?, ¿porqué siempre la misma sirena? Y como tantas otras veces Magni contesta lo mismo de tantas otras veces: no es el mismo, Julia. Estoy buscando.

Sus mentes parecen obscurecerse en el imbricado galimatías de los pensamientos humanos. Hablan de la vida y de la muerte, de la realidad y del sueño, de la búsqueda y el fin. Se enfrentan la enérgica alegría de vivir con la morbosa melancolía romántica en una batalla decidida de antemano: el vencido que lo sabe solo en las palabras izará bien alta la dignidad del perdedor y el pírrico victorioso, desarmado de su razón que lo es por la vergüenza de ganar solo puede porfiar una vez más, por favor, ¿qué buscas?, tú que un día quisiste gobernar el mundo, tú que con el poder que emana de tí quisiste revolucionar la tierra, ahora te encierras aquí, lejos de todo lo que quisiste cambiar, lejos de todo lo que quisiste dominar, lejos de la fuerza y el poder que eran tus insignias, ¿qué buscas?

Magni calla. De pronto, tras mucho ergotizar, calla. Ya habló de las batallas perdidas, del placer de una tristeza que en su calmado retiro restaña sus heridas con ternura. Ya recordó y olvidó su voluntad de poder y su fracaso. Ya dijo que aquel Magnus mangífico como un dios solo era recuerdo de una juventud que ahora solo comparte un cuerpo agostado. Ya susurró que tras la búsqueda infructuosa solo queda la espera. Ya lo dijo todo. Ahora, Magni calla.

- Pero Magnus, ¡tú eres grande!
- Si, pero eso fue antes de oir el canto de sirena.

Julia pasea por el estudio tocándolo todo, acariciando con su mano de nácar las mil cosas preñadas de Magni, sopesando cuantos fragmentos de él están allí depositados. Quizá busque a su Magnus de antaño, quizá quiera reconocer en el de ahora lo que ella una vez soñó. Quizá intente recoger lo que de él se perdió en el camino y con ello modelar de nuevo el objeto de su imaginación. Quizá simplemente de tiempo a tiempo para que pase, para que se vaya, para que se pierda en el vacío.

- Magnus, quiero quedarme contigo.
- Sabes que puedes hacerlo.
- No mientras ese cuadro siga ahí.


Magni, desde la ventana, observa a Julia, mi diosa, alejarse de La Nada por la carretera. Me acerco, rozo sus piernas con mi lomo y nos vamos a pasear por el acantilado.

- Sabes que si ella se hubiese quedado nunca hubieses vuelto a hacer cosas.
- Si, lo sé.
- Por cierto, ¿quién es la sirena?
- ¿La sirena? La sirena es ella.
- ¿Ella?
- Si. Julia.

Radiografía de un silbido

Eso es lo que dicen que parezco. Después de la actividad estresante en el curro y el resto de historias se me ha quedado un tipo estupendo para lucir en la piscina que en breve y si el tiempo lo permite, que parece que no, podré disfrutar en mi casa como anuncio de un verano que debería de estar ya por aquí y aún no lo he visto.

Entre la parte uno del cuento y la dos, un poco de music. El otro día le comentaba a Orti que había estado escuchando casualmente un tema de Leonard Cohén que él publico en su blog por culpa de esta señora a la que no había escuchado antes y que leí en una revista que había publicado un nuevo trabajo. Me tropecé con esta versión que una vez más me gusta más que la original del señor Cohen que al final se va a quedar con que ha hecho buenísimos temas para que los demás los versionen y los superen. Por lo menos para mi gusto.

Madeleine Peyroux - Dance Me To The End Of Love

martes, 9 de junio de 2009

Magnus (I) - Mi cuento


Lo iba a escribir al final pero he cambiado de opinión, mejor las explicaciones al principio. Este es el cuento que un día alguien escribió para mi y que muchas veces he pensado en traer hasta aquí y no me he atrevido. Durante muchos años ha estado entre mis cosas más preciadas, guardado como un auténtico tesoro. No lo ha leído nadie más que yo. Mucho de lo que en él se encierra no tendrá sentido más que para los protagonistas del cuento. Gracias por hacerme persona y enseñarme todo lo que de hermoso tiene este mundo aunque a veces tan solo lo percibamos en nuestros sueños.


* * *

Magni
sabe hacer cosas. A veces, cuando el mar está tranquilo y hasta nosotros solo llega su tenue ronroneo, Magni me deleita con alguno de sus conciertos. Sus acordes siempre rebosan de la sensibilidad del solitario y se expanden y flotan en la amplia sala como etéreas nínfeas en lagos de aire y murmullos. Sus ojos siempre están cerrados cuando hace música, como si desease con su gesto hacerse uno con sus instrumentos y ser sólo acorde y cadencia, armonía efímera.

Nunca me anuncia sus intenciones. Deja la habitación solo alumbrada por el hogar incandescente, extrae los instrumentos de sus protectoras vestiduras y los apoya amorosamente en el piano. Se separa unos metros de ellos y, tras unos minutos de concentración, o quizás de olvido, empieza a mover sus dedos despacio, muy despacio. Entonces comienza el prodigio. El arco del violonchelo se posa tras ágil salto sobre las amadas cuerdas y las araña dulcemente intentando recordar pasadas caricias; el piano, siempre pensativo, muestra su sonrisa de siete octavas; y ella, la más hermosa, la flauta de argénteo brillo, se alza magnífica en el aire, impaciente ya por iniciar su canto alado. Es el momento de la tensión, de la espera, del deseo: es solo un segundo. Magni se gira, me saluda con ceremonia, se vuelve hacia sus hijos y surge al fin la música como lluvia de otoño, como hechizo de luna, como música.

Magni también pinta. Se pasa horas y horas luchando contra la nada para crear de ella formas y colores, paisajes utópicos y acronías imposibles. Entonces sí tiene los ojos muy abiertos pues son ellos los que dirigen a las vírgulas de color en su viaje de la paleta a la tela hasta posarse cual gotas de rocío allí donde Magni desea que estén. Mil veces le he presenciado y mil veces me he admirado de las iridiscencias que la luz arranca de las gotitas de pintura en su vuelo. Y mil veces he reflexionado sobre la nada y el arte, sobre lo creado y el creador, y mil veces me he quedado dormido en mi sillón.

Aquí en La Nada tiempo pasa los días olvidándose incluso de mí. Parece buscar su destino entre los eternos recovecos de la sala pero en verdad que solo remolonea indolente y perezoso en espera de alcanzarse a si mismo antes o después. En La Nada nunca pasa nada. Por eso me sorprende el ruido de la llegada, las voces y los saludos, los ofrecimientos serviles y la aúlica condescendencia de Julia mi diosa que dice que no a Rosa y pasa al estudio, mi estudio lleno llenito de cosas y más cosas que Magni hace mientras yo miro su hacer. Julia, mi diosa, recorre memoriosa el escritorio y los libros, las flautas, el sillón de leer y el de tomar coñac frente a la chimenea, el bar, los discos, el piano y el chelo, la colección de vasos de piedras de cosas, mil telas apoyadas aquí y allá, mesitas reptantes que se deslizan reptantes por doquier repletas de lo dicho y lo imaginado, lámparas y más lámparas que iluminan, que ocultan, que ensombrecen las sombras más allá de la luz y allí, en el centro, sobre todo, el caballete y los botes y las paletas y el silencio.

Julia se asoma al mar. No se ha deshecho de su abrigo ni del manguito de piel de nieve que cubre sus níveas manos. Está preciosa Julia como una diosa que llora a su héroe perdido derramando dos lágrimas sus ojos al descubrir a lo lejos a Magni que vuelve sin retorno con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el sendero. Tiempo se agita asustado y Julia se aparta bruscamente del ventanal como si temiese ser descubierta en sus pensamientos. Se acerca resuelta al lienzo empavesado que reposa sobre el caballete con un recuerdo impreso en sus húmedos fanales. Levanta cuidadosa la tela que cubre el cuadro un instante justo para que tiempo se acelere, para que luz arranque color de lo obscuro, para vislumbrar el apenas esbozo que ya es figura en la mancha que ya es silueta sobrecogedora como siempre una vez más, de ninfa nereida.


Pensamientos, insectos molestos que zumban insidiosos los oídos que despiertan a silencio con su aguijón siempre laborioso y zumban, zumban a rebato las almas siempre tristes de ser pensamientos y Julia mi diosa se sume en melancolía, por eso la substraigo de sí, por eso llamo su atención revolviéndome en mi cojín con algo más ruido del habitual. Me mira y yo vuelvo a enamorarme de ella una vez más. Quizá sea su sonrisa, dulce y tenue como el ruido de una hoja al caer, o sus mejillas de flor, o quizá sus ojos de niña que antes fue mujer y que más que mirar parecen besar. No sé, pero ante ella incluso alguien como yo lo olvida todo para solo pensar en sumergirse en su burbuja y vivir su vivir.

- Hola, precioso. Hace tanto... ¿Me has echado de menos? Yo también a vosotros. Cómo te gustan mis caricias, ¿verdad? Otra vez aquí. Y ese cuadro. Otra vez. Otra sirena. ¿Porqué lo hace? ¿Qué busca? ¿Lo sabes? Si, claro que lo sabes. Yo le quiero. Quiero a Magnus pero él... No entiendo porqué no puede ser...

Arrebujado en su regazo, la voz de Julia mi diosa, suena como melodía que es más canto que palabras. Me gusta que me hable y confíe en mí, que me vuelque su corazón, aunque claro, ella no sabe que entiendo lo que dice.

- Julia.
- Hola Magnus.
- Hola preciosa. ¿Llevas mucho esperando?
- No, apenas un rato.
- No te esperaba. ¿Cómo estás? ¿Quieres tomar algo?
- No. Quiero acostarme contigo.

El mar brama allá fuera, a lo lejos. El aroma del salitre excita mi árido olfato. Las olas se levantan sobre sí y se acercan con lentitud a la costa. Apenas un roce, un susurro se siente al pie de los acantilados. La tierra húmeda impregna el aire confundiendo mis sentidos la mezcolanza. Suave, muy suave se aproximan contenidos los tactos siempre fríos de las rocas informes, de las aguas cambiantes. A veces la tierra y el mar olvidan lo que son. A veces la poesía que tantos aedos destilaron de sus nombres se desvanece en el aire como palabras en el tiempo y recuerdan que un día lucharon por el mundo. Entonces el cielo se cubre de noche y el viento aulla su canto de dolor. Entonces la pasión se funde con el todo y el todo en la nada del sin sentido, de la sinrazón. Entonces se imbrican los elementos. Los castros penetran salvajes la mar que se revuelve furiosa y embite con rabia la tierra que extiende su abrazo y la espuma salta, salta alto, salta fuerte como el grito de la vida que se siente morir y pide más, una vez más, por favor, mientras ya nada es fuera de las tierras y las aguas que se golpean, que se imploran, que se retiran solo para estrecharse una vez más, sí por favor, una vez más para tocarse y morir en la obscuridad del ciego temporal. Y el mar y la tierra sucumben a sus sueños de vigilia, se revuelcan en la soledad que son ellos para expandirse y ocupar cuanto hay, cuanto es, para proferir juntos por fin el grito efímero del saber eterno, del climax que ya pasó, que apenas fue y ya huye en el recuerdo, en las aguas que retornan, en las rocas que chorrean el sudor de un combate nunca vencido y siempre ganado, sí una vez más, en las nubes que palidecen místicas, para caer, otra vez, en la espera del desencanto y el sueño.


La tormenta da paso a la calma. Natura regresa en paz a su hogar umbrío y Magni y Julia cubren sus cuerpos con el agua estéril que limpia el recuerdo de lo ocurrido. Mientras bajamos al salón observo sus semblantes. El gesto ausente de Magni no me preocupa por lo sólito, pero el rostro de Julia mi diosa se me antoja triste y eso es como si el sol se hubiese puesto para siempre...

(continuará)

lunes, 8 de junio de 2009

Dreams and Songs From The Wood

Hace años, cuando era más cría de lo que soy ahora, me gustaba soñar con paisajes verdes y brumosos del norte de Europa donde criaturas fantásticas vivían al arrullo de las gotas de lluvia golpeando las hojas de los árboles y el crujir de matojos en su deambular. Me gustaba imaginar que los unicornios existían y que los faunos dormían plácidamente su siesta tal y como la compuso Debussy. Me gustaba creer que existían las ninfas y los duendes que con flautas traveseras y siringas las hacían danzar en el bosque.

En todos esos mundos me solía perder a menudo. En todos esos bosques grises bailaba a la luz de la luna y al calor de grandes llamas que purificaban mi espíritu. Me sentía flotar en un mundo de sueños, en un entorno fantástico de paz que he evocado muchas veces en mi memoria a lo largo de los años.

Hace muchos años alguien escribió un cuento para mi. Un cuento fantástico de gatos que hablan, hombres soñadores y mujeres enamoradas atrapadas en una ilusión que un día se hizo realidad. Quizás el mejor regalo que he tenido nunca y que he guardado para mi entre cientos de papeles manuscritos, otro montón de cuentos fantásticos y un sinfín de sentimientos desbocados.


Me gustaría tener mi cuento en el blog aunque no tengo muy claro que tenga derecho a dejarlo por aquí. Supongo que no interesa a nadie más que a mi pero este blog que al final no deja de ser mi casa está lleno de esas cosas que a lo largo de mi vida han llegado a emocionarme de una forma o de otra. Y una de esas cosas, sin duda, fue mi cuento.

Tendré que empezar por pedir permiso para publicarlo.

(Lo que ocurre cuando estoy en silencio varios días es que la cabeza se llena de cosas por decir y podría de esta forma escribir varios post al día. Días en los que a veces se vuelve la vista atrás y te encuentras de nuevo bailando en el bosque).

Nada mejor para acompañar este post que la flauta travesera de Ian Anderson y su Songs From The Wood. Un señor responsable también en gran medida de mis sueños.

Jethro Tull - Songs From The Wood

Hipatia: La mente de Platón en el cuerpo de Afrodita

Eso fue lo que dijo de ella el poeta francés del siglo XIX, Leconte de Lisle en un poema dedicado a una de las primeras mujeres matemáticas de la historia. Y eso seguramente será lo que acabemos pensando de ella después de ver la nueva película que Alejandro Amenábar trae a nuestras pantallas este próximo otoño con el nombre de Ágora.

Una mujer totalmente atípica para la época que le tocó vivir. Nacida en Alejandría aparentemente en el año 355 e hija del también matemático y astrónomo Teón de Alejandría que le inculcaría no solo su saber sino también su pasión por la ciencia. En su afán por aprender y enseñar viajaría a Atenas y a Roma, estudiaría la historia de las religiones de la época y se empaparía de todo pensamiento filosófico que encontró a su alrededor dedicándose a la enseñanza de la filosofía centrada en la obra de Platón y Aristóteles. Una mujer con una vida apasionante y un final trágico que la convirtió en un auténtico mito y de la que no voy a desvelar nada más para no fastidiar la historia que pueda Amenábar contar en su película. Una película que para mi tiene dos alicientes, que sea precisamente de Amenábar un director que consiguió engancharme con su ópera prima y del que no me he perdido ninguno de sus posteriores trabajos y otro el propio guión de la película con un tema y ambientada en una época que supongo que por influencias de mi padre siempre me apasionó.

Ahora solo me queda esperar pacientemente que la película llegue a la gran pantalla para disfrutarla ya que no me cabe ninguna duda de que Amenábar habrá cuidado cada detalle de la película como suele hacer y que con solo ver el trailer ya me imagino lo que me depara esa producción.

Trailer Ágora - Alejandro Amenábar

domingo, 7 de junio de 2009

Continuamos...


De nuevo llueve en mi ciudad.
Una lluvia que limpia el corazón.

Y tras la lluvia, un sol de esperanza.
Como cada mañana, como cada amanecer.



De nuevo reabro el blog ya que no ha servido de nada. El que quiera rebuscar en él es posible que encuentre aquello que busca ya que la imaginación es la mejor aliada de las mentes desesperadas. Después de una semana que hubiera preferido no vivir, trataré de recuperar las riendas de mi vida con aquellas cosas que me aportan cierta satisfacción y mi blog es una de ellas. Este silencio me mata así que retomo mi actividad. No tengo a nadie a quien rendirle cuentas de mi vida.

King Crimson - Epitaph

miércoles, 3 de junio de 2009

Acceso cortado temporalmente

He deshabilitado el acceso al blog de forma temporal. He enviado invitaciones a aquellos de los que tenía el correo para que sigais entrando de cualquier forma pero algunos se me han quedado perdidos por el camino.

Espero no mantener esto así por mucho tiempo, retomaré la actividad bloguera en breve y volveré a abrir este lugar para el que lo quiera visitar.

Besos y gracias por vuestros comentarios que a veces un poco de calor humano se agradece enormemente.

EDITO - Para que no os hagais una idea equivocada de todo esto, aclararé que parece que el sino de mi vida desde hace unos años es tener a alguien que de vez en cuando se aburre y que se dedica a rebuscar por donde puede no sé muy bien el qué. Esta vez me he cansado de la historia y espero dejarla aclarada en breve. No tengo ningún problema con ninguno de los que por aquí os dejais caer, de hecho no me gustaría que por esto dejárais de visitarme ya que al final os considero amigos a todos y cada uno de los que en un momento dado habeis dejado por aquí algo de vosotros. Solo siento no poder localizaros a todos.

Gracias.

Pues argos tiene razón. Siempre pongo música a los posts y aunque esto no es para considerarlo como tal, bien puede tener música de acompañamiento.

Q-Lazzarus - Goodbye Horses

lunes, 1 de junio de 2009

Vacaciones

Me cojo unos días de vacaciones blogueras. Voy a dar un descanso a mi cabeza y a tratar de reordenarme y volveré como tantas veces a descargar sobre este lugar todo aquello que pasa por mi mente y a veces por mi vida. Una vida que vivo como me apetece le guste a la gente o no, que quizás no entre dentro de lo que otros consideran aceptable y que no pretendo que nadie la entienda ni la acepte. Una vida al final como la de muchos, con momentos de risas, llantos, alegrías, euforias e infinitas tristezas pero de la que no me arrepiento lo más mínimo. Esto no significa que no considere que me he equivocado en muchos momentos, que lo he hecho. Significa simplemente que en cada momento hice lo que consideraba que debía hacer, equivocada o no, y en algunos casos el tiempo y la experiencia me demostró que no fue lo más acertado para la ocasión. No trato de justificar nada, tampoco voy a entonar un "mea culpa". Cuando he tenido que disculparme no he tenido el más mínimo problema en hacerlo, pero no le pido perdón al mundo, tan solo a quien considero que debo pedírselo.

Y dicho esto, me retiro un poco para coger el aire que me falta. Esta mañana, después de una noche de insomnio, mi coche estallaba con la música de esta mujer que me ha servido de refugio en muchas ocasiones últimamente y que hoy era lo único que me apetecía y era capaz de escuchar.

Lisa Gerrard - Sanvean: I Am Your Shadow


PD - Perdonar que no conteste a vuestros últimos comentarios. Lo siento.