miércoles, 11 de marzo de 2009

El día que desayunamos terror

Jamás lograré olvidar esos días. Antes de que los primeros rayos de luz nos mostraran una realidad desgarradora, Madrid dormía plácidamente ignorante de lo que había de llegar. Como cada mañana la ciudad despertaba lentamente y se preparaba para las obligaciones cotidianas pero el gesto se nos heló cuando al acercarnos el primer café a los labios comenzamos a recibir las primeras noticias y a tratar de comprender las primeras imágenes. El caos, la confusión, el miedo, el dolor, la tristeza, el odio, la pena, la rabia y tantos sentimientos más que de golpe vivimos ese día apenas tenian cabida en nuestros corazones.


Este año no he querido ver ni siquiera las noticias ya que al final el recuerdo de un día que no debería haber sido, el recuerdo de las víctimas y no solo de las que perdieron la vida en los atentados de los trenes, sino de las que se quedaron aquí recordando a todos aquellos que se fueron, padres, hijos, amigos, hermanos, novios, acaba politizándose y perdiendo realmente el sentido que tiene. Tan solo he visto mientras comía algunas imágenes en la TV del restaurante y una vez más los escalofríos me devolvían el recuerdo de unos días de silencio en los que traté de digerir lo que había ocurrido.

Desde ese terrible día que ahora recordamos algo cambió a nuestro alrededor. Los días dejaron de tener el esplendor de lo nuevo, la inocencia del que nace y amanecen temerosos, como sin vida, quizás porque un día como hoy hace ya cinco años se perdió tanta...

11-M Un día para recordar en el silencio

4 comentarios:

jordi dijo...

Terrible. Yo ese dia me desperto el telefono durmiendo en un hotel de la Coruña, a la espera de cojer un tren por cuestion de mi trabajo. La llamada era de mi madre. Su angustiada voz preguntandome donde estaba no lo olvidare jamas. Un beso.

Padme dijo...

No me extraña, jordi. Ese día se hicieron muchas llamadas para localizar a la gente. La pena es que algunas de esas llamadas no tuvieron contestación. Beso.

yáñez dijo...

Padme, dices que la ciudad despertaba lentamente, yo ya llevaba dos horas levantado y casi una en el trabajo, justo retumbaron las paredes porque estabamos entre dos de las estaciones, corre al bar por las noticias de la radio y te das cuenta que no ha sido el cafre de la nave de al lado con el toro dejando mercancía contra tu pared, al rato otra explosión eso sí esta controlada por los tedax, y yo peleandome con la gente de mi curro discutiendo que no podían haber sido los IOPUTAS de la eta, triste recuerdo para unos ciudadanos que no se merecen el terrorísmo que sufrimos desde hace tanto tiempo.

Padme dijo...

Ya lo creo que es un triste recuerdo, yañez. Una compañera del trabajo perdió la vida en Atocha y durante días suponíamos que era así porque no daba señales de vida pero tampoco aparecía en la lista de las víctimas. Algunos compañeros se acercaron a las naves de IFEMA hasta que finalmente se confirmó la noticia. Angustioso, te lo aseguro. Fueron días imposibles de olvidar y como ya he puesto en el blog del tigre, después de ese día comprendí que cualquier cosa es posible.